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Constelaciones con Mari

Cómo hacer una constelación familiar en casa, paso a paso

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Publicado el · 12 min de lectura

Cinco hojas de papel con nombres escritos a mano, ubicadas a distintas distancias sobre el piso de madera de una sala, y un cuaderno abierto al costado

Para hacer una constelación familiar en casa necesitas unas hojas de papel y una pregunta concreta. También una hora en que nadie te interrumpa. Escribes en cada hoja el nombre de una persona de tu familia que tenga que ver con esa pregunta, las pones en el piso donde te parezca, te paras en cada lugar y anotas lo que sientes. Después mueves solo lo que pide moverse y cierras con una o dos frases. Abajo está la sesión completa, en el mismo orden en que la hago cuando guío una constelación individual, pero adaptada a tu sala.

¿Se puede hacer una constelación familiar en casa de verdad?

Sí, con un límite claro. En casa tú haces de consultante y de guía al mismo tiempo, y eso tiene un costo: ves lo que estás lista o listo para ver, y lo demás se te escapa. Una persona que guía desde afuera nota cosas que tú no notas, como que siempre te paras de espaldas a tu padre o que hablas de tu hermana en pasado.

Aun así, defiendo hacerla en casa. Mucha gente no tiene un taller cerca, no puede pagar una sesión o no quiere contar su historia delante de veinte desconocidos. Para un tema de todos los días, como por qué te cuesta pedir ayuda o por qué discutes siempre con la misma persona, una constelación en casa bien hecha alcanza para ver algo nuevo.

Para temas más pesados no alcanza. Al final te digo cuáles.

¿Qué necesitas antes de empezar?

Junta esto antes de empezar, así no tienes que interrumpir la sesión para buscar algo:

  • Entre 5 y 8 hojas de papel blancas y un marcador grueso.
  • Un cuaderno y un lápiz para anotar.
  • Un espacio libre en el piso de unos dos por dos metros. Corre la mesa si hace falta.
  • Una hora y media en que nadie entre ni te llame. El teléfono, en otra habitación.

Hay un detalle que mucha gente olvida: dibuja una flecha en un borde de cada hoja. La flecha marca hacia dónde "mira" esa persona. Sin ella, a los diez minutos ya no sabes si tu madre estaba mirando a tu padre o a la ventana, y la mirada es la mitad de lo que se lee en una constelación.

Si prefieres no pararte sobre los papeles, puedes hacer lo mismo sobre una mesa con figuras. Te explico cómo en el artículo sobre constelaciones familiares con muñecos.

¿Cómo eliges la pregunta?

Sirve la pregunta corta que habla de algo tuyo que te pasa hoy. Es la parte que más se apura y la que más define lo que vas a ver.

Pregunta que no sirve Pregunta que sí sirve
¿Por qué mi familia es así? ¿Por qué me siento culpable cada vez que gano más que mi papá?
¿Cómo sano mi árbol? ¿Qué me impide irme a vivir sola?
¿Por qué mi hermano no me habla? ¿Qué lugar ocupo yo entre mi hermano y mi mamá?
¿Voy a encontrar pareja? ¿Qué me pasa cuando alguien se acerca demasiado?

La de la derecha tiene un "yo" adentro. Eso importa porque en tu casa solo puedes mirar tu lugar. Lo que hace o deja de hacer tu hermano no lo vas a cambiar moviendo un papel.

Escribe la pregunta arriba de la primera hoja del cuaderno. Si cuando la lees no sientes nada en el cuerpo, todavía no es la pregunta.

¿A quién pones en el piso?

A menos personas de las que crees. La primera vez, con cuatro hojas alcanza: tú y las personas que aparecen en tu pregunta. Si la pregunta es sobre el dinero, puede ser tú, tus padres y una hoja que diga "dinero". Sí, en constelaciones se pueden poner cosas que no son personas, como el dinero, un trabajo, un país que tuviste que dejar o una enfermedad.

El error de casi todos es poner a toda la familia "por si acaso". Con doce hojas en el piso no se ve nada. Si en medio de la sesión sientes que falta alguien, lo agregas en ese momento. Que falte ya es un dato.

La constelación de las hojas, paso a paso

Te lleva entre 45 y 90 minutos. Necesitas las hojas con flecha y el cuaderno a mano.

  1. Siéntate un minuto con los ojos cerrados y lee tu pregunta en voz alta dos veces.
  2. Escribe un nombre en cada hoja ("yo", "mamá", "papá", "dinero"). Pon las hojas boca abajo y mézclalas.
  3. Toma una hoja sin mirar cuál es y ponla en el piso donde te lleve la mano, con la flecha hacia donde te parezca. Haz lo mismo con las demás. No pienses la ubicación; si la piensas, vas a armar la familia que te gustaría tener.
  4. Da vuelta las hojas y mira el dibujo desde afuera, de pie, un par de minutos. Anota quién quedó cerca de quién, quién mira a quién y quién quedó mirando hacia afuera.
  5. Párate sobre la hoja que dice "yo", con los pies hacia donde apunta la flecha. Quédate un minuto. Anota qué sientes: frío, calor, ganas de irte, ganas de sentarte, nada.
  6. Sal de tu hoja, sacude un poco las manos y párate sobre la siguiente. Quédate un minuto y anota. Repite con cada hoja. Entre una y otra, sal y sacude las manos.
  7. Vuelve a tu hoja. Pregúntate si quieres moverte. Si algo en el cuerpo pide acercarte o girar, mueve tu hoja un poco, nada más que un paso.
  8. Si en alguna hoja sentiste algo muy fuerte, vuelve a pararte en ella y pregúntate qué necesitaría esa persona. A veces es girar hacia alguien, a veces es que aparezca alguien que falta. Si falta alguien, escribe una hoja nueva ("el hermano que murió", "la primera mujer del abuelo") y ponla.
  9. Desde tu hoja, di en voz baja una frase que sea verdad para ti. Puede ser "Te veo", "Esto es tuyo y te lo dejo" o "Yo me quedo con lo mío". Si no te sale ninguna, di "Todavía no puedo" y está bien.
  10. Mira el dibujo final desde afuera y sácale una foto con el teléfono.
  11. Levanta las hojas una por una, en orden inverso al que las pusiste, y dóblalas. Esto marca el final y es parte del ejercicio.
  12. Escribe en el cuaderno tres líneas: qué te sorprendió, qué cambió entre el primer dibujo y el último, y qué te llevas.

Qué suele pasar

Lo más común es sorprenderse con el primer dibujo, el que sale de poner las hojas a ciegas. Mucha gente se encuentra de espaldas a alguien. O pegada a una persona con la que cree que no tiene nada que ver. En las hojas de los demás aparecen sensaciones que no esperabas: cansancio en la de tu madre, ganas de irte en la de tu padre. No hace falta interpretarlas en el momento. Anótalas.

Si no sientes nada en ninguna hoja, no lo hiciste mal. Quédate con el dibujo de afuera, que ya cuenta bastante.

El error más común

Querer arreglar el dibujo. Llega un punto en que te dan ganas de poner a todos en círculo, tomados de la mano. Eso es lo que te gustaría, y no lo que pasa. Mueve solo lo que el cuerpo pida, y si no pide nada, deja el dibujo como está. Una constelación que termina "fea" pero verdadera sirve más que una linda y armada.

Cuándo no hacerlo sola o solo

Si la pregunta tiene que ver con abuso, violencia, un suicidio en la familia o una muerte de hace menos de un año, no la hagas en casa. Tampoco si estás en crisis o tomando medicación por depresión sin que tu médico lo sepa. En esos casos, hazla con alguien que guíe y, si estás en tratamiento, con tu psicólogo al tanto.

¿Cómo se lee lo que aparece en el piso?

Se lee mirando cuatro cosas en orden. Primero la distancia. Después la mirada, quién queda afuera y, al final, lo que sentiste en el cuerpo.

La distancia muestra cercanía o separación, pero no siempre como piensas. Dos hojas pegadas pueden ser una madre y una hija que se quieren o una hija que ocupa un lugar que no le toca, por ejemplo cuidando a su madre como si fuera la pareja de ella.

La mirada importa más que la distancia. Alguien que mira hacia afuera, fuera del dibujo, suele estar mirando a otra persona que no está en el piso: un muerto, un amor anterior, una tierra que dejó. Ahí es donde a veces hace falta agregar una hoja.

Quien queda lejos, de espaldas a todos, suele ser la persona de la que no se habla. En constelaciones a eso se le dice un excluido: alguien que forma parte de la familia pero al que se le negó su lugar por vergüenza o por dolor.

Lo del cuerpo es lo más difícil de leer sola o solo, porque mezclas lo que sientes en ese lugar con lo que ya sabías de esa persona. Por eso conviene anotarlo tal cual, sin explicarlo. Al día siguiente lo relees.

Pongamos que Lucía, 38 años, enfermera, hace su primera constelación en casa con esta pregunta: "¿Por qué no puedo ahorrar aunque gane bien?".

Pone cuatro hojas: ella, su madre, su padre y "dinero". Al darlas vuelta ve que la hoja del dinero quedó detrás de su padre, y que su padre mira hacia la puerta. Cuando se para en la hoja de él siente ganas de irse. Recuerda que su padre perdió un negocio cuando ella tenía nueve años y que nunca se habló del tema. Agrega una hoja que dice "el negocio" y la pone donde mira su padre. Desde su lugar dice: "Papá, eso fue tuyo. Yo puedo tener lo mío". Se siente rara diciéndolo.

No pasa nada espectacular. Lo que nota en las semanas siguientes es que, cuando le sobra algo de dinero a fin de mes, ya no tiene el impulso de gastarlo enseguida en otros. Lo anota en el cuaderno y lo mira de nuevo a los tres meses.

¿Qué hacer después de la constelación?

Lo más útil es no hacer casi nada durante unos días. La tentación es contarle a tu madre lo que viste, o llamar a tu hermano para decirle que "ya entendiste todo". Espera por lo menos tres días. Lo que viste en el piso es tu mirada, no la verdad sobre tu familia, y contarlo en caliente suele terminar en una discusión.

Fíjate en los sueños, en las ganas de llamar a alguien, en el cansancio. Es normal sentirse más cansada o cansado al día siguiente. Anota lo que aparezca en el mismo cuaderno, debajo de las tres líneas del final.

No repitas la constelación sobre el mismo tema antes de un mes. Si la repites al otro día, casi siempre es para buscar un dibujo que te guste más.

¿En qué se diferencia de una constelación individual con alguien que guía?

Se diferencia en quién mira. En una sesión individual hay una persona que guía, que te ayuda a elegir la pregunta, te frena cuando quieres arreglar el dibujo y te propone frases o personas que tú no habrías puesto. En casa todo eso lo haces tú, y a veces te lo saltas sin darte cuenta.

En casa, sola o solo Individual, con quien guía En grupo
Quién ocupa los lugares Tú, pasando por cada hoja Hojas o muñecos, con guía Otras personas del taller
Lo que ves Lo que estás lista o listo para ver Más, porque alguien mira desde afuera Mucho, a veces demasiado de golpe
Para qué temas Temas cotidianos, una primera mirada Casi todos Casi todos, si estás estable
Costo Nada Una sesión Un lugar en el taller

Si quieres entender mejor cómo es una sesión con otras personas, lo cuento en qué son las constelaciones familiares. Y si te preguntas si de verdad tiene sentido constelar sin nadie al lado, hay un artículo entero sobre eso: cómo hacer constelaciones familiares uno mismo.

¿Cuándo es mejor no hacerla en casa?

Ya te dije los temas: abuso, violencia, suicidio, muertes recientes. Hay otra señal que tiene más que ver contigo que con el tema. Si al leer la pregunta en voz alta, en el paso 1, ya te tiembla la voz o te falta el aire, ese tema está demasiado cerca para mirarlo sin compañía. No es un fracaso. Es información.

Tampoco la hagas para tomar una decisión urgente, como si dejar a tu pareja o aceptar un trabajo. La constelación muestra cómo están las cosas por dentro. No te dice qué hacer mañana.

Si todavía te parece mucho para empezar, prueba primero con algo más corto, como el ejercicio de los dos papeles con mamá o alguno de los 10 ejercicios cortos de constelaciones familiares. Y si te sirve trabajar con un cuaderno, un rato cada día, eso es lo que propongo en Soltando Cargas.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura una constelación familiar en casa?

Entre 45 y 90 minutos, contando la preparación y el cierre. La parte de estar parada o parado sobre los papeles suele llevar media hora. Si a los 90 minutos sigues moviendo hojas, para y retoma otro día.

¿Necesito a otra persona?

No. Se puede hacer sola o solo. Si tienes a alguien de confianza, puede leerte los pasos y anotar lo que dices, sin opinar ni interpretar. Eso ayuda a no perderse.

¿Puedo usar muñecos en vez de papeles?

Sí. Con muñecos o figuras ves todo desde arriba, lo que da más distancia; con papeles en el piso pasas por el cuerpo. Los dos sirven. Si te angustias fácil, empieza con muñecos.

¿Cada cuánto puedo hacer una?

Deja pasar al menos un mes entre una constelación y otra sobre el mismo tema. Lo que se mueve tarda semanas en acomodarse, y repetirla enseguida suele ser una forma de buscar otra respuesta que te guste más.

¿Puede hacerme mal hacerla sin una persona que guíe?

Puede removerte más de lo que esperabas, sobre todo si hubo abuso, muertes violentas o un duelo reciente. Por eso hay temas que no conviene hacer en casa. Si después te cuesta dormir o te vienen recuerdos que te asustan, deja el ejercicio y busca a un psicólogo.

Foto de Mari

Escrito por Mari

Mari escribe sobre constelaciones familiares desde lo que vivió con su propia familia. Es la autora de Soltando Cargas, un cuaderno de ejercicios para soltar lo que se hereda.

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