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Constelaciones con Mari

Ejercicio de constelaciones para sanar con mamá en casa

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Publicado el · 7 min de lectura

Dos hojas de papel en el piso de madera, una con la palabra mamá y otra con la palabra yo, separadas por un paso

Te lleva unos 20 minutos y lo haces en casa con dos papeles en el piso, uno que dice "mamá" y otro que dice "yo". Es un ejercicio de constelaciones familiares para sanar el vínculo con tu madre: te paras en tu papel, la miras y le dices unas frases cortas, solo las que puedas decir de verdad. Lo armé a partir del enfoque de las constelaciones y de lo que yo misma tuve que mirar con mi mamá, y funciona igual si ella está viva, si no se hablan o si ya murió.

¿Para qué sirve este ejercicio?

Sirve para ponerte en tu lugar de hija o de hijo. Eso, que suena obvio, a muchos nos cuesta. En las constelaciones familiares se habla de "tomar a la madre": recibir la vida que te dio tal como vino, sin seguir esperando que te dé otra cosa. Lo explico más en la sección sobre la relación con mamá.

Yo lo necesitaba por algo muy concreto. Cinco minutos en el teléfono con mi mamá y ya estaba agotada. Me sentía culpable si no la llamaba y culpable por querer colgar. La quería, pero cerca me cansaba y lejos me dolía.

Lo que suele cambiar con este ejercicio no es ella. Cambia un poco cómo te paras tú: dejas de ser la que la cuida como si fueras la madre, o el que espera desde hace treinta años una disculpa que no va a llegar.

Antes de empezar

Busca un momento en que nadie te interrumpa durante media hora. Apaga el teléfono o déjalo en otra habitación. Necesitas dos hojas y un marcador. También un poco de espacio libre en el piso, como el largo de una cama.

No lo hagas si tu madre murió hace pocas semanas, si estás en una crisis o si hubo abuso o violencia de su parte. No es que esté prohibido. Es que en esos casos el ejercicio puede abrir más de lo que conviene abrir sin compañía, y lo mejor es hacerlo con un profesional.

El ejercicio de los dos papeles

Te lleva 20 minutos. Si quieres, ten a mano una foto de tu mamá.

  1. Escribe "mamá" en una hoja y "yo" en la otra, con letra grande.
  2. Pon la hoja de mamá en el piso. Después pon la tuya donde se sienta verdadero hoy, cerca o lejos, de frente o de espaldas. No la acomodes para que quede linda.
  3. Párate sobre tu hoja. Respira tres veces y mira la hoja de mamá un minuto entero, sin decir nada.
  4. Fíjate en tu cuerpo. ¿Quieres acercarte, alejarte, mirar para otro lado? No hagas nada todavía, solo nótalo.
  5. Di en voz baja la primera frase: "Mamá, tú eres la grande y yo soy la pequeña" (o "el pequeño"). Quédate un momento con lo que sientes.
  6. Si puedes, di la segunda: "Gracias por la vida. Me llegó a través de ti, y con eso alcanza".
  7. Di la tercera solo si es verdad para ti: "Lo que fue tuyo te lo dejo. Yo me quedo con mi vida".
  8. Si te nace acercarte, da un paso hacia su hoja. Si no, quédate donde estás. Las dos cosas están bien.
  9. Para terminar, dobla su hoja con cuidado y guárdala. Escribe en tu hoja una frase sobre lo que notaste.

Si una frase no te sale

No la fuerces. Di en cambio "Esto todavía no lo puedo decir", que también es verdad, y sigue. A mucha gente una frase le cuesta meses.

Qué suele pasar

Muchas personas sienten ganas de llorar en la frase de "tú eres la grande", sobre todo las que cuidaron a su madre desde chicas. Otras sienten alivio en el cuerpo, como si se aflojaran los hombros. Si no sientes nada, no lo hiciste mal: anota igual qué distancia elegiste en el paso 2, porque eso ya dice bastante.

Cuándo parar

Si te mareas, te falta el aire o vienen recuerdos que te asustan, para, sal de la hoja y haz algo cotidiano, como lavar una taza. Ese día no sigas.

El error más común

El error más común es hacer el ejercicio para que ella cambie. Yo pasé años así. Fui a terapia y leí muchos libros, y en el fondo seguía esperando que mi mamá fuera distinta. No lo fue. Lo que empezó a moverse, cuando dejé de esperar eso, fue lo mío.

El otro error es convertirlo en un trámite diario. Si lo repites todos los días, las frases se gastan y se vuelven palabras vacías. Con una vez por semana alcanza, y solo si tienes ganas.

Pongamos que Andrés, 47 años, carpintero, hace el ejercicio por primera vez.

Pone la hoja de su madre en el piso y la suya la pone de espaldas, sin pensarlo. Se queda un rato largo mirando la pared. Cuando intenta decir "gracias por la vida", no le sale; dice "todavía no puedo" y se siente un poco ridículo. Dos semanas después lo repite y pone su hoja de costado. Esa misma tarde, sin habérselo propuesto, la llama para preguntarle una receta. Eso es lo que este ejercicio suele mover: cosas chicas, en tamaño real.

Si tu mamá ya murió

El ejercicio sirve igual. Puedes usar una foto suya sobre la hoja, y en la última frase decir "Te dejo descansar. Yo me quedo con mi vida". Si murió hace menos de un año, ten en cuenta lo que te dije arriba y no lo hagas a solas. Hay más sobre esto en la sección de duelo y pérdidas.

Si no la conociste o te crió otra persona

Pon igual la hoja que dice "mamá", aunque no tengas ninguna imagen de ella: la vida te llegó a través de ella de todos modos. Si te crió otra mujer, una abuela o una madre adoptiva, puedes agregar una tercera hoja con su nombre y decirle: "Tú me cuidaste. Gracias". En el enfoque de las constelaciones, las dos tienen su lugar y ninguna le quita el suyo a la otra.

Si tu mamá te hizo daño

No tienes que perdonarla para hacer el ejercicio, ni acercarte, ni dar el paso del punto 8. Puedes quedarte lejos y decir solo la primera frase, o ninguna. Soltar lo que era de ella no significa justificar lo que pasó. Cuidarte y poner límites va primero, y si el daño fue grave, este trabajo conviene hacerlo con un psicólogo.

Si te quedaste con ganas de seguir, prueba la semana que viene el mismo ejercicio con tu padre, y si quieres más frases como estas, ordenadas por situación, están en la sección de frases sanadoras. Y si todavía no sabes bien de dónde sale todo esto, lee primero qué son las constelaciones familiares y cómo es una sesión.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto puedo repetir el ejercicio?

Una vez por semana como mucho. Lo que se mueve necesita unos días para acomodarse, y repetirlo todos los días suele convertirlo en una obligación más. Si un día no tienes ganas, no lo hagas.

¿Y si lloro mucho o me siento peor después?

Llorar es bastante común y no significa que lo hiciste mal. Si al día siguiente sigues muy removida o removido, o te vienen recuerdos que te asustan, deja el ejercicio y habla con un psicólogo.

¿Necesito una foto de mi mamá?

No. El papel con la palabra "mamá" alcanza. La foto ayuda a algunas personas y a otras las distrae; prueba primero sin ella.

¿Sirve si no me hablo con mi mamá?

Sí. El ejercicio no necesita que ella se entere ni que cambie. Lo que miras es tu lugar frente a ella, y eso lo puedes hacer aunque hace años que no se vean.

¿Es lo mismo que perdonarla?

No. Puedes hacer el ejercicio enojada o enojado, y puedes no perdonar nunca. Se trata de dejar de cargar lo que era de ella, no de decir que estuvo bien lo que pasó.

¿Puede hacerme mal?

Si hubo abuso o violencia de parte de tu madre, sí puede remover cosas que conviene mirar con un profesional al lado. En ese caso no lo hagas sola o solo.

Foto de Mari

Escrito por Mari

Mari escribe sobre constelaciones familiares desde lo que vivió con su propia familia. Es la autora de Soltando Cargas, un cuaderno de ejercicios para soltar lo que se hereda.

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